El rompimiento

sinpunto

Algo le faltó al evento realizado ayer por Andrés Manuel López Obrador en el Monumento a la Revolución. Por mucho que los organizadores hicieron de todo por asegurar la asistencia de miles de militantes del Movimiento de Regeneración Nacional procedentes de la mayor parte de las jefaturas delegacionales, las cosas no salieron como se pensaba. El mayor bastión de Andrés Manuel Lopez Obrador es sin duda la Capital de la República, y por primera vez hubo quienes dejaron de asistir.

Para decirlo claro y rotundo, el tabasqueño se dio cuenta del peso que tiene la figura del jefe delegacional en Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, quien como señalara en días pasados no asistiría si no recibía una señal de que las cosas se recompondrían en torno de quien debe ser el candidato al Gobierno de la Ciudad de México. Tampoco hubo actitudes triunfalistas ni expresiones de júbilo colectivo, por el contrario, en ocasiones amplios sectores se mostraron desangelados.

López Obrador pidió a sus correligionarios no olvidar que el objetivo superior del movimiento es la transformación de México y no la búsqueda de cargos, en un claro mensaje a quienes pudieran insubordinarse en el futuro, y a los que van llegando. “No es la lucha del poder por el poder, tampoco el de quítate tú porque quiero yo”, espetó en uno de sus momentos más ácidos. También señaló que no es la ambición del poder y el dinero, sino la transformación de México.

La evidencia del rompimiento con Ricardo Monreal la entendieron todos cuando señaló, con Martí Batres y Claudia Sheinbaum a su lado, que “hay veces que las circunstancias se confunden y se piensa que lo más importante son los cargos y brota la ambición, la calentura, sobre todo si se va a ser candidato a un cargo”. El mensaje fue claro, y pareciera que esa reconciliación que el propio Monreal esperaba no va a llegar y tendrá que despedirse de la alianza con quien se asume como el “Prócer de la Democracia”.

El señor López nunca levantó la mano de Claudia Sheinbaum, quizá para no atizar más leña al fuego. López Obrador sabe que la posible defección del zacatecano representa un grave peligro para su proyecto de hacerse con la primera magistratura el año venidero, pero no realizará ninguna manifestación pública en su favor porque eso significaría una debilidad.

Sin lugar a dudas el tabasqueño sigue siendo un encantador de incautos, porque para lo que hace todos los días se requiere dinero, y mucho. La organización de concentraciones implica movilización, y la gente requiere apoyos para traslado, alimentos y líquidos, y eso cuesta bastante. El aparato administrativo y de seguridad que se mueve en su entorno sale bastante caro, y sobre todo los vehículos que utiliza. Y ni qué decir de los negocios alternos que encabezan sus hijos. La industria de la riqueza que ha construido en estos años está en riesgo. Al tiempo.

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