El “bailongo” un año después

SINGLADURA  
Un año después de las elecciones del uno de julio (2018) que ganó de manera
avasallante Andrés Manuel López Obrador, tenemos a la vista buena parte de las consecuencias del descarrilamiento del modelo económico neoliberal que rigió en México por casi cuatro décadas. Faltan muchos más efectos, pero ya tenemos un panorama suficientemente claro de lo que es y viene para México. Así que es importante tenerlo claro para que dejemos de llamarnos a engaño, y más aún, tomar nuestras propias decisiones.
 
El propio presidente López Obrador fue muy claro el 17 de marzo de este año cuando decretó el “fin de la época neoliberal”, en un acto en Palacio Nacional. “Quedan abolidos el modelo neoliberal y su política de pillaje antipopular y entreguista”, dijo en la ocasión.
 
Cierto. Apenas unos días después del triunfo electoral lopezobradorista, dije en este espacio que “entre las secuelas” de ese hecho destacaba “el tácito descarrilamiento del modelo económico neoliberal, instrumentado en México hace casi 40 años, justo cuando asumió el poder presidencial el fallecido ex presidente Miguel De la Madrid Hurtado. Se dice fácil, pero el triunfo morenista también traerá entre sus consecuencias o efectos, -dije entonces- si no el final como algunos prevén, si la modificación radical del esquema económico instaurado hace seis sexenios. Es un hecho también histórico, con repercusiones que aún estaban por verse, pero que hoy están a la vista en alto grado como apunté líneas arriba.
 
Dicho de otra forma, añadí entonces, la inmensa mayoría nacional también se pronunció con su voto por el fin de un paradigma económico que resultó fallido a juzgar por los saldos de su instrumentación en materia de desigualdad económica, pobreza, acumulación insana de capital por unos cuantos y, lo peor de todo, corrupción entre las élites gobernantes y empresariales, que además cerraron espacios y se despacharon para sí y sólo para sí, mediante una creciente práctica excluyente que terminó por pasar facturas incluso a sus pares y competidores.
 
Si bien hay quienes creen que el modelo económico, derrotado en las urnas el domingo primero de julio de 2018 fue establecido en el país hasta 1988 con el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, en realidad sobran las evidencias para sostener que este fenómeno económico inició en 1982 con De la Madrid Hurtado, promotor por ejemplo de la incorporación nacional al entonces llamado Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), antecedente de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
 
También dije entonces que las elecciones del uno de julio serían una suerte de plebiscito entre los saldos para el país de la administración del presidente Enrique Peña Nieto y las que encabezaron sus últimos cinco antecesores –De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón-. Así fue.
 
Los electores acudieron –acudimos- a las urnas con la idea de votar por la continuidad de las políticas instrumentadas a lo largo de los últimos seis gobiernos del país, caracterizadas por una apertura económica, política y aún social, o avenirnos a la propuesta de ruptura impulsada por López Obrador.
 
La elección fue un choque de trenes en todo sentido y ya supimos quién resultó más que abollado. Fuimos partícipes de una elección inédita y singular, que prácticamente en nada se pareció a las realizadas en las últimas décadas.
 
Tras un balance nacional, racional y hasta emocional, mínimo, resulta que la mayoría de los electores mexicanos rechazó el modelo iniciado hace 36 años.
 
Recordemos que De la Madrid (1982-1988) sentó las bases para la instauración del modelo económico aperturista y el ex presidente Salinas de Gortari acentuó el esquema hasta llevarlo a un punto de inflexión mediante el Tratado de Libre Comercio Norteamericano (Tlcan), sujeto hoy a una revisión profunda, y que se consideró la piedra de toque para perfilar el país hacia una apertura prácticamente definitiva e irreversible.
 
Hoy, un año después de la elección presidencial, México y el gobierno de López Obrador aguardamos la ratificación del T-MEC en Canadá y Estados Unidos, tras el aval otorgado por el Senado mexicano a este esquema, hoy más necesario que nunca para México y aún incluso para la gestión de López Obrador, que ha abrazado el libre comercio.
 
Recordé hace un año que los ex presidentes De la Madrid y Salinas de Gortari fueron en sentido estricto los padres del nuevo paradigma económico mexicano, que resquebrajó la llegada al poder de López Obrador.
 
Zedillo, Fox y Calderón siguieron prácticamente al pie de la letra las líneas maestras y definitorias del modelo instaurado en México en la administración delamadridista.
 
Peña Nieto llevó el modelo a una nueva escala con la aprobación de las llamadas reformas estructurales, fruto de un acuerdo político como no se había visto en años, y al que se le llamó “el nuevo momentum mexicano”, por la profundidad de las medidas, avaladas por el Congreso del país, con excepción precisamente del partido, movimiento u lo que sea, que llevó a la presidencia a López Obrador.
 
Es claro en consecuencia, dije entonces, que el uno de julio los electores mexicanos o la mayoría del total, unos 90 millones de ciudadanos, decidió con su voto el descarrilamiento de un modelo. El hecho, claro, tendrá sus consecuencias y pronto habremos de conocerlas, previne.
 
Un año después, ya tenemos a la vista buena parte de esas consecuencias. Estamos obligados a examinarlas, evaluarlas y sacar nuestras conclusiones del descarrilamiento del modelo económico neoliberal. ¿Para qué? Simple y llanamente para ser consecuentes, pero en particular para trazar nuestro futuro. ¿O no?
¿Vamos o no al bailongo del lunes en el corazón de México?
 
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@RobertoCienfue1