El rey de la rúa

La anunciada marcha del 27 de noviembre, que encabezará el presidente Andrés Manuel López Obrador,

trasunta su enojo, sí, su molestia, también, pero quizá la peor expresión de esta respuesta es que nos enfilamos los mexicanos a un encono cada vez mayor que podría derivar en situaciones extremas y aun un enfrentamiento intestino, indeseable desde cualquier ángulo que se le vea. El rey de la rúa va con todo.

Porque si el presidente de todos los mexicanos reacciona así a una marcha, a la del domingo13 de noviembre, una reacción a la que de inmediato se sumaron sus bravas huestes y ni se diga los funcionarios que representan la 4T, imagine usted lo que podría ocurrir en un tema de mayor envergadura o calado nacional que eventualmente pudiera sobrevenir en medio de una circunstancia de controversia y/o disputa, como cada vez sucede en México con mayor frecuencia, aún sin una intensidad máxima, en una práctica que se acicatea cada mañana desde el epicentro del poder nacional, pero que también se expresa en las calles del país por quítame esas pajas.

El presidente, quien se sintió desafiado, retado en su condición del rey de las calles en que se convirtió hace años en el origen de su prolongada carrera política, tiene todavía un poder demoledor, aunque menguante por razones propias del ejercicio presidencial y porque a pasos veloces se aproxima a su ocaso, dijo que no va dejarse. De manera tácita si se quiere dio evidencia de que impedirá el desplazamiento de todo ese poder acumulado y que ha ejercido a plenitud en estos primeros cuatro años de gestión. Él mismo lo puso en claro cuando anunció la marcha del domingo 27 de noviembre, al señalar que no dejará de luchar y mucho menos dejará la calle, la trinchera que lo catapultó hasta el Palacio Nacional, donde -dijo- se ha ido “aburguesando”. Así revela que lo que le encanta, lo suyo pues, es la calle. De allí sus giras constantes por toda la geografía del país para sentir el calor de la gente, su gente, su auténtico patrimonio, el único que reivindica. Dijo a la gente en su discurso de toma de posesión en diciembre del 2018, que no le fallaría. 

Entre aquel discurso inaugural y la consecuencia de su gestión se constatan agudos contrastes, mayores en estos días. Entonces dijo que representaría “a ricos y pobres, creyentes y libres pensadores, y a todas las mexicanas y mexicanos, al margen de ideologías, orientación sexual, cultura, idioma, lugar de origen, nivel educativo, o posición socioeconómica”. Eso dijo, a eso se comprometió.

También prometió entonces “un auténtico Estado de derecho, tal como lo resume la frase de nuestros liberales del siglo XIX, al margen de la ley nada y por encima de la ley nadie”.

Más todavía, consideró “pertinente, pues, exponer con toda claridad que vamos a atender y a respetar a todos. Que vamos a gobernar para todos, pero que le vamos a dar preferencia a los vulnerables y a los desposeídos”. Lo dijo.

Ratificó que en su interés nada material había. Mucho menos “la parafernalia del poder” con base en su pensamiento de que “el poder debe ejercerse con sabiduría y humildad, y que sólo adquiere sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás”.

De igual forma, prometió actuar “sin odios” y comprometió que no le haría mal a nadie, respetaría las libertades, apostaría siempre a la reconciliación y buscaría que entre todos y por el camino de la concordia, se lograra la cuarta transformación de la vida pública de México. Eso dijo hace cuatro años. Pero de eso sólo quedan el testimonio escrito y dispersas en la geografía nacional las cenizas de aquel discurso, dinamitado por el fuego de su propia boca.

Hoy lo que vemos es un presidente engallado, bravo con todo aquel que no entra en la 4T, con una lealtad ciega. Ya no gobierna para todos los mexicanos, si es que alguna vez lo hizo. Lanza de manera casi cotidiana un discurso durísimo, descompuesto y grosero. Nada de media tintas, va de frente, pare donde pare y no se amilana. Luce más encorajinado que nunca y ay de aquel que se le atraviese en su camino y, peor aún, en las calles de México. En las rúas mexicanas, donde sólo él es el rey. Lo va a tener que ratificar el próximo 27 de noviembre, para que aprendan, y va con todo. Preparen la vitacilina. Y abran paso al rey de la rúa, que allí les va.

Roberto Cienfuegos J.

@RoCienfuegos1