Otra vez, el Metro 

Y otra vez el Metro, que a estas alturas y por lo que sabemos ya se convirtió casi seguramente en la peor pesadilla

de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum. Mire usted si no. Ayer domingo, el mismo día en que fue inaugurada de manera parcial con música de ayer y hoy la denominada Línea Dorada, que tantos problemas ha significado para el gobierno de la Ciudad de México, que se vuelve a registrar un nuevo “incidente”, esta vez en la Línea Siete, cuando un vagón que afortunadamente ingresaba al andén de la estación Polanco -zona fifi, ojo-, se desprendió del convoy y causó alarma entre centenares de usuarios, que reaccionaron con desconcierto y temor mientras buscaban salir a toda prisa, en tanto, otros intentaron abrir las puertas de los convoyes y unos más salieron despavoridos hasta por las ventanas del vehículo afectado para ponerse a salvo de un nuevo episodio sin mayores consecuencias, muy afortunadamente, para nadie, salvo quizá para los gobernantes que ya no ven lo duro sino lo tupido de las fallas que sacuden a ese medio de transporte. Y digo que fue afortunado que el desprendimiento ocurriera dentro del andén, porque imagine usted lo que habría resultado de haberse registrado en el túnel del metro. Recuérdese que apenas el siete de enero, ocho días atrás, sobrevino el choque de trenes en la estación Potrero de la Línea 3 con un saldo de una persona muerta y cerca de un centenar de lesionados, en un hecho que pilló en “outside” a Sheinbaum. 

En la semana que recién terminó también hubo otro episodio “anormal” o “atípico”, según autoridades, cuando en la estación Politécnico de la Línea Cinco, un vagón comenzó a desprender humo por la parte baja, seguido de un incendio, que las autoridades negaron en principio y atribuyeron a sustancias químicas, pero que en realidad sí existió y fue constatado por usuarios y los elementos de la  Guardia Nacional, recién incorporados en un número hasta de seis mil para garantizar -dijo el gobierno- la seguridad en ese medio de transporte a partir del jueves pasado como si los militares, una vez más, fueran parte de soluciones que no llegan a los problemas que presuntamente deben resolver. Caray, alternativas malas para problemas persistentes.

Y nada, pues que en la reinauguración parcial de la víspera entre las estaciones Mixcoac y Atlalilco de la Línea Doce, un nuevo incidente empañó la celebración en otro punto de la gran urbe. Caray, qué mala suerte para los gobernantes, que cantaban en tanto música de antaño y más reciente de Israel, un guitarrista que según dijo radica en la alcaldía Iztapalapa y que vino a acompañar a Sheinbaum para con “mucho cariño” -dijo- marcar la celebración porque después de casi 600 días en reparación, la Línea 12 volvió al carril, tras el desgraciado desplome del tres de mayo del 2021 que causó al menos 26 muertes y casi un centenar de personas heridas.

Israel, el guitarrista, entonó “Ni tú ni nadie” en honor de Sheinbaum y luego se lanzó con el tema “Fue en un café”, que animó a engolar la voz a la jefe de gobierno. Todo iba a pedir de boca cuando se informó de otro malhadado percance, que seguramente cayó como balde de agua fría a la jefa del gobierno. Imagínese usted. Es casi tragicómico que algo como esto ocurra, se desconoce si como parte de un complot, que según la narrativa inspirada en Palacio Nacional y seguida a pie juntillas por la ocupante del antiguo Palacio del 
Ayuntamiento, o porque alguien hizo brujería, o lanzó un aspa plástica o hasta tal vez porque arrojó una lata con una presunta granada en uno de los rieles de esta red de transporte de casi 200 estaciones, unos 230 kilómetros y doce líneas, un monstruo urbano que palpita en las entrañas y en las vías aéreas de la gran tataranieta de México-Tenochtitlan.

Es cierto, el gobierno de Sheinbaum, quien destacó “una revolución tecnológica” en materia de transporte en el 2022, ha destinado ingentes montos de inversión para proyectos de movilidad en la gran ciudad de México, entre ellos el trolebús cero emisiones, dos líneas de cablebús, una ciclovía en Insurgentes, el trolebús elevado, entre otros proyectos, todos ellos visibles a los ojos de sus gobernados, algo que siempre promueve a los gobernantes porque les encanta todo aquello que se ve, que puede inaugurarse y subrayarse, enaltecerse pues. Sin embargo, dicen que el diablo está en los detalles. El mantenimiento del metro no es inaugurable, y prácticamente no se ve, o no lo ven los capitalinos. Es probable que por ello sea menos importante a los ojos de los millones de usuarios y residentes o visitantes y transeúntes de la Ciudad de México. Así, y bajo el criterio de lo que no se ve, no existe, es muy probable que en estos años se haya privilegiado más lo visible, lo observable y lo comprobable sin mayor esfuerzo, y se haya minimizado todo aquello que no se ve, pero -caray—cómo se siente.

Roberto Cienfuegos J.

  @RoCienfuegos1