Ejército y Seguridad Pública

Respeto profundamente al Ejército, Fuerza Aérea y Marina de México influido por dos tíos —ambos Generales— que

consagraron su vida a la carrera militar. Para mí, la devoción y lealtad a la patria de soldados y marinos son incuestionables.

Durante el desarrollo de la vida independiente de nuestro país, Ejército y Marina han demostrado ser piedras angulares en su evolución. No se pueden entender la historia del México independiente sin la intervención de estas instituciones. Por ello —y por la vocación por servir— es que son de las instituciones con mayor legitimación entre la población. 

Como en tiempos de la lucha revolucionaria, desde hace más de dos décadas, las fuerzas armadas ejercen funciones de seguridad para tratar de preservar la paz en diversas comunidades del país. El incremento de reclutas, del poder de fuego de las organizaciones criminales y de su presencia en diversas partes del territorio, han obligado a las instituciones castrenses a dejar de lado sus funciones de seguridad nacional para participar en el combate frontal a estas gavillas de delincuentes que, a través del terror y la fuerza, no sólo incrementan su poder económico, además atentan contra la libertad y el libre desarrollo de las personas.

Las policías municipales, por las funestas condiciones en las que se encontraban trabajando, fueron cediendo espacios e influencia a los grupos de la delincuencia organizada. La falta de capacitación y de recursos materiales, aunados a funestas condiciones de trabajo y a la debilidad presupuestal, obligaron a que muchos policías, en su mayoría jefes de familia, cedieran a la presión física y económica que los emisarios de la delincuencia, para abrir paso a una era en donde las policías civiles no estuvieran en condiciones de cumplir su función y, por tal motivo, y como una condición anómala que pone a la población en una situación de grave peligro o conflicto, las fuerzas armadas han asumido esa función.

Tras dos décadas de presencia militar ejerciendo funciones policiales de forma abierta, resurge el debate sobre su pertinencia y permanencia, sin que se vislumbre una estrategia clara para su retorno a los cuarteles. Las policías civiles de todos los órdenes siguen en el abandono; sus presupuestos reducidos reiteradamente y la capacitación policiaca completamente está abandonada; al tiempo que las organizaciones criminales aumentan su poder de fuego, captación de personas y recursos, así como su presencia y dominio de amplios territorios del país. 

La condición anómala que obligó a las fuerzas castrenses a asumir funciones policiales persiste en la actualidad. Es imposible negarlo. Como también lo es el hecho que han aumentado su influencia y presencia en las instituciones gubernamentales civiles, lo que genera un terrible temor en la sociedad de ser sujetos a un régimen militar.

Más allá del debate sobre la continuidad de la participación de las fuerzas armadas en labores de policía civil, es necesario exigir la instauración de una estrategia clara, con tiempos y procesos definidos, en los que se fortalecerán a los cuerpos policiales civiles para que ejerzan, con todas las garantías, las funciones constitucionales que tienen asignadas para que, de este modo, se logre reintegrar al Ejército y Marina a sus funciones originarias. 

Andrés A. Aguilera Martínez

@AndresAguileraM