A usted y usted y usted ya ti, gracias por su solidaridad en el cuarto aniversario de que mi amada Yaz se despidió de nosotros.

Juan se fue; dicen que hacia el mediodía de ayer.
Y mire usted lo que es el destino, este camino que, valga la perogrullada, tiene inicio conocido mas fin incierto.

¿Usted ha leído alguna de las 17 literarias escritas por el licenciado López Obrador?

Confieso que no soy parte de la pléyade que, como el licenciado y periodista Jenaro Villamil, se ha alimentado intelectualmente de las obras selectas del señor presidente, obras que van desde la personalísima concepción política y hasta recomendaciones de contenido holístico.
¡Ah! ¿No sabe usted qué diablos quiere decir holístico?

Andrés Manuel es listo, muy listo. Y con memoria selectiva.

Corrían aquellos días de 2006 cuando creció la versión de que la señora Marta Sahagún Jiménez estaría en condiciones de relevar a Felipe Calderón Hinojosa en la candidatura del PAN a la Presidencia de la República. Por supuesto, el impulsor de esa posibilidad era el entonces ocurrente Vicente Fox Quesada, inquilino de Los Pinos.

Ahí estaba, pero nadie le había dado el enorme valor que tiene. Desde hace ocho años, el Congreso de la Unión otorgó, sin beneficiario identificado, los elementos para el cobro de facturas políticas mediante el uso de la figura de Testigo Colaborador.  A esta figura que la vox populi llama chivato, delator, traidor, infidente, desleal y, bueno, eufemismos varios para no aludir a ese feo calificativo que todos conocemos, se acogió el preclaro ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin,

Firme, el médico cirujano y senador Higinio Martínez Miranda alzó la voz; agraviado como muchos de sus compañeros de escaño respondió a la sinrazón que, hasta hace dos días, se enfilaba hacia la injusticia: