Opinión

En el México polarizado que vivimos hoy, y en vísperas de que más de 90 millones de electores acudirán (acudiremos) a las urnas el ya próximo seis de junio, entre las preguntas sobre esa jornada, tantas veces anunciada como la madre de todas las elecciones, apunto una: ¿quién perdería más el primer domingo de junio: la oposición, aliada para disputarle a la 4T el poder político, o el gobierno de López Obrador, un trabuco político?

En el análisis podría sentenciar que el caso de Tamaulipas es un escándalo similar al culiacanazo por su torpe manejo, falta de plantación y fracaso absoluto. Todo parece superficial y sencillo de acuerdo a lo que le conviene al gobierno informar.

La ideología, ese sistema de ideas y de conceptos fundamentales que convertidos en verdades inmutables por un individuo o una colectividad caracterizan su visión del mundo, puede a menudo desvincularse de la realidad, escalar a través de la abstracción y de la atemporalidad hasta los linderos de la utopía.

No es fácil intentar retroceder en el tiempo, pero tampoco imposible. Si de lo que se trata es de mostrar y demostrar que se tienen ideas arcaicas, procedimientos que hace muchos años se ensayaron y no dieron resultados, pensar como lo hacían los gobernantes en los tiempos del partido

La masacre de 303 chinos fue un hecho trágico ocurrido en México hace más de 110 años, ahora calificado como “un pequeño genocidio”, pero borrado de la memoria pública, que recientemente ha tenido notoriedad gracias al acto oficial del gobierno federal en el que se pidió perdón al pueblo chino por ese acontecimiento histórico que, además, es el tema central de la obra La casa del dolor ajeno. Crónica de un pequeño genocidio en La Laguna. (2015), de Julián Herbert, escritor polifacético nacido en Acapulco, pero “norteño por convicción”, que siendo muy joven llegó a vivir a Coahuila y por voluntad propia ahí se estableció hasta la fecha.

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