DE VICTIMARIO A VÍCTIMA

sinpunto

Siempre ha sido un hombre acostumbrado a ver a los demás desde las alturas de su infinita egolatría. Así se formó y no lo sabe hacer de otra manera mas que con aquellos con los que guarda una estrecha amistad. Eso provocó y le ha provocado animadversión en muchos de sus correligionarios, pero se han aguantado porque eso significa que

pueden alcanzar a integrarse en los diversos grupos que se forman y conforman en torno a sus decisiones en los cargos que ha detentado. Esta acostumbrado a decidir el destino de quienes han colaborado con el o con aquellos que lo han impulsado para alcanzar lo que ahora es, y en ocasiones ha sido tan generoso, que ese mismo impulso que ha recibido se ha llegado a extender a los leales amigos y colaboradores que llevan muchos años a su lado.

Bastante le sirvió aquel episodio en que se aventuró a ser el portador de una considerable fortuna que fue entregada a un activista del sureste que levantó un plantón que estableció durante varias semanas en el Zócalo de la Ciudad de México. El costo era poco en comparación con el beneficio de que su jefe se mantuviera en el escenario como el posible sucesor de quien detentaba la Primera Magistratura del país. Los informes señalan que la cantidad a entregar fue de 408 millones de pesos. Lo acompañaba Joel Ortega Cuevas y eran los tiempos en que gobernaba Carlos Salinas de Gortari.

Desde entonces se manejaba en las ligas mayores, y el dinero fluía porque así ocurre en las élites del poder. Había bastado con retirar los fondos de la caja de previsión de la Policía Auxiliar para pagar al hombre que vino desde el sureste a confirmar que si alguien sabia resolver los problemas que se le presentaban al Presidente de la República, era el Jefe del Departamento del Distrito Federal. Quien lo iba a decir, al cabo del tiempo ese hombre que encabezó el plantón se convertiría en parte importante del proyecto y le heredaría la Jefatura de Gobierno, nombre que se le dio al encargo gubernativo de la Capital del País. Marcelo Ebrard Casaubón conoció desde temprana edad las mieles del poder y la riqueza que genera cuando se administra eficientemente. Pero los excesos también tienen un precio, y en algunas ocasiones resultan demasiado caros.

Las ambiciones desmedidas siempre terminan emproblemando a quienes gobiernan, y Marcelo Ebrard Casaubón es el mejor ejemplo de ello. Lo que definió seria el mayor logro de su gobierno se ha convertido en un fuerte dolor de cabeza a causa de esas ambiciones desmedidas. La llamada Línea Dorada resultó demasiado cara a los habitantes de la Ciudad de México no por lo que costó, sino por lo que se pago por ella. El sobreprecio fue excesivo y proporcional a las ambiciones de los funcionarios que participaron en su construcción. Hoy Marcelo Ebrard esta entrando en desesperación ante la posibilidad de que tenga que ir a la cárcel. Esta cometiendo errores de primer año al provocar a los diputados de la comisión que lo investiga, y que seguramente presentarán una denuncia por la sustracción de recursos federales. Lo acusan a el de forma directa, y al ahora senador Mario Delgado. Siente que el agua le llega a los aparejos. Muchas veces fue victimario, ahora sabe lo que significa ser víctima. Al tiempo. This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.