El síndrome de la confrontación

sinpunto

Si hay algo que tenemos que reconocer es que este país enfrenta problemas disímbolos y eventualidades que ponen en duda la credibilidad de quienes nos gobiernan. El problema es que pareciera que nuestros conspicuos gobernantes no terminan de entender que el desgaste que han sufrido en los últimos años, desde que entramos en una fase de renovación democrática con las reformas políticas que iniciará Jesús Reyes Heroles con la que emergieron del clandestinaje algunas fuerzas opositoras armadas.

Quizá tampoco entendieron que la democracia no significa colocarse escollos unos a otros tratando de evitar el avance, sino en la toma colectiva y colegiada de decisiones que nos lleven a mejores estadios de bienestar. Eso sería lo que más pudiéramos agradecer los mexicanos a nuestros políticos,

El Pacto Por México fue el principal ejemplo de que cuando se visualizan escenarios compartidos es cuando mejor podemos entregar buenas cuentas a quienes mantienen el aparato burocrático con sus impuestos. Muchas veces me he preguntado el porque no hemos alcanzado un alto grado de desarrollo como país. Y es que no podemos culpar a nadie de nuestra circunstancia más que a nosotros mismos, porque son muchas las razones y los motivos. Pese a nuestra inventiva, que es de las mejores que existen en el mundo, porque aquí todo lo copiamos para bien o para mal, y algunas veces hasta superamos la originalidad, seguimos estancados. Y no podemos señalar que estamos peor, y aún con todo lo que hemos hecho mal no tenemos los niveles de pobreza que se presentaban antes de nuestros dos movimientos sociales reivindicadores: Independencia y Revolución. Claro que tenemos a la mitad de la población en pobreza, pero antes los números alcanzaban noventa por ciento.

México y los mexicanos tenemos un grave problema desde que nos conquistaron: se nos esquisto el "síndrome de la confrontación", ese que dice que damos un pasito para adelante y le ponemos zancadilla al de enfrente. Nos independizamos, y todo se volvió un desastre. Después hicimos una Revolución que nos hizo retroceder del lugar número diez en el mundo, al ochenta. Pero no aprendemos, parece que preferimos seguir el mismo camino. Hoy las revoluciones armadas tampoco funcionan porque provocan más problemas de los que había. Ahora se hacen en la letra de las leyes, como fue el caso de las reformas estructurales.

Aunque muchos no lo quieran aceptar, en cuanto a crecimiento sostenido, solamente Estados Unidos nos supera, y por lo que corresponde a ocupación laboral, de acuerdo al IMSS no se habían creado tantas plazas desde hace muchos años. La inversión extranjera es una constante, y no la habría de existir ese panorama que nos describen nuestras respetables oposiciones. El problema es que nos acostumbramos a ver lo malo y en función de ello es que percibimos la gestión gubernamental. Pero también ese problema abarca la pésima forma en que desde las estructuras gubernamentales comunican los avances de la gestión. Hace muchos años que no alcanzábamos estos logros, pero por desgracia pocos se enteran. Al tiempo. This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.