Esperanza fracasada

sinpunto

Si algo debieran tener los políticos de este país es una especialidad en ventas, porque lo que hacen todos los días es ofrecer esperanzas a esos electores quienes de una u otra forma siguen creyendo en sus propuestas, en sus promesas, y en la forma en que señalan que cambiaran las cosas para que todos vivamos mejor.

No es fácil para un simple mortal hacer este tipo de pronunciamientos, quizá por eso hay quienes afirman que los políticos representan una clase distinta entre el género humano. Muchos han tratado de analizar la forma en que se realiza la oferta política, y el secreto del éxito radica en decirle a la gente lo que quiere escuchar, de ahí que la comunicación política sea uno de los campos de mayor especialización, y que de ello dependa el éxito o el fracaso. Para decirlo de otra forma, en el estilo de decir está el éxito.

Andrés Manuel López Obrador es un personaje singular del escenario político mexicano. Y es singular porque hasta ahora nadie ha intentado mimetizarse con él como ocurriera antaño cuando los políticos buscaban parecerse al Presidente de la República en turno para destacarse en el escenario político. Quizá Enrique Peña Nieto esté generando eso que generaban los mandatarios tricolores, porque a decir verdad muchos buscan imitar su estilo. Con esto quiero decir que el señor López Obrador es poseedor de una personalidad muy propia que no se parece a nadie, pero que ha comenzado a declinar a causa de su empecinamiento por emitir descalificaciones a diestra y siniestra para todo lo que hacen o dicen los demás, y eso ha venido cansando a muchos de sus seguidores.

Pero tampoco podemos negar que sigue siendo un excelente comunicador que tiene un nicho muy definido entre quienes poseen poco o nada. Hasta ahora ha sido el más exitoso vendedor de esperanza, que finalmente como señale en líneas anteriores es el producto más acabado que ofrecen los políticos a los electores, y la sabe utilizar muy bien cuando de lanzar improperios a los adversarios se trata. Pero también ha comenzado a fracasar en la siembra de ese recurso porque hasta ahora, aunque no quiera aceptarlo, ya no da los mismos resultados.

Y no es que haya dejado de comunicar bien, simplemente que la oferta se le agotó por la falta de cumplimiento. Matricular a miles de rechazados en instituciones de educación superior no es lo mismo que fustigar adversarios. Hasta ahora la Universidad Autónoma de la Ciudad de México ha resultado un completo fracaso. Cada egresado cuesta once millones de pesos por seiscientos mil que gastan en la UNAM y el IPN. Ofrecer no empobrece, dice el adagio, pero el dar es lo que aniquila, y en el caso que nos ocupa el señor López Obrador se ha metido en "camisa de once varas". El fracaso es evidente, y lo peor es que no existe ni siquiera el trámite para obtener los llamados "revoes" ante la Secretaria de Educación Pública. El sembrador de esperanza se convirtió finalmente en lo que es: un mentiroso. Al tiempo. This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.