Cuando desde la Presidencia de la República se minimizan los efectos de la pandemia, se justifican los yerros en el gobierno, se ocultan los evidentes hechos de corrupción, y todas las críticas se consideran ataques frontales contra el Presidente y su proyecto de transformación, se alimenta la irresponsabilidad de todos los servidores públicos a quienes les resulta fácil evadir sus obligaciones no rinden cuentas, para reaccionar igual que su jefe: culpando al pasado y denostando a quien los señala.

Hoy la discusión gira en torno a la extinción de 109 fideicomisos, fondos sin lugar a dudas fundamentales para el apoyo de millones de mexicanos en actividades específicas, una decisión polémica. Dice el presidente que los fideicomisos se expropian “porque había corrupción” y no lo dudamos, pero como siempre en los últimos 23 meses, la forma en que se deciden los cambios, no solucionan el problema.

Hay de renuncias a renuncias, pero prácticamente todas en esta administración han estado marcadas por la controversia, por las verdades que no esperaríamos escucharlas en la voz de los  hombres del presidente, con un abierto rechazo al gobierno, a las formas,

“Emergencia nacional” es lo que vivimos en el sector salud del país, en severa crisis, convertido en un cementerio de hospitales, 306 obras inconclusas desde hace años, abandonadas convertidas en verdaderos elefantes blancos a costa de la salud de millones de personas.

Nada nuevo es lo que encontramos en el segundo informe de gobierno del presidente López Obrador y ante esta reacción no solo mía, sino de muchos otros mexicanos, el presidente,

La  política económica del gobierno nos ubica en una dramática crisis que nos puede llevar a retroceder al menos diez años en el desarrollo alcanzado. La emergencia sanitaria por el covid-19 no ha hecho más que exacerbar el panorama, obligando al gobierno federal a buscar recursos hasta por debajo de las piedras.

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